Cosquillas

POETRY . Charles Bukowski

David Lynch
Photography: David Lynch

POETRY

it
takes
a lot of
desperation
dissatisfaction
and
disillusion
to
write
a
few
good
poems.
it’s not
for
everybody
either to
write
it
or even to
read
it.

 

POESÍA

hace
falta
mucha
desesperación
insatisfacción
y
desilusión
para
escribir
unos
pocos
buenos
poemas.
no todo
el mundo
puede
ya sea
escribir
la
o siquiera
leer
la

 

Charles Bukowski
Uno de esos últimos poemas editados en vida, The Last Night of the Earth Poems, 1992, dos años antes de morir.

 

Cosquillas

Me gustaría leer / LEONARD COHEN

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I´d like to read
one of the poems
that drove me into poetry.
I can´t remember one line
or where to look.

The same thing
happened with money
girls and late evenings of talk.

Where are the poems
that led me away
from everything I loved

to stand here
naked with the thought of finding thee.

 

Me gustaría leer
uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar.

Lo mismo
me ha pasado con el dinero,
las mujeres y las charlas a última hora de la tarde.

Dónde están los poemas
que me alejaron
de todo lo que amaba

para llegar a donde estoy
desnudo con la idea de encontrarte.

LEONARD COHEN “La energía de los esclavos” 1.972

Cartas desde Barbastro

Cartas desde Barbastro – Lazo negro 12

IN NOMINE DEUS olio su tela 70 x 50 cm anno 2011 Ferri
IN DOMINE DEUS olio su tela 70x50cm anno 2011 ROBERTO FERRI

                                                                           

 

                                                                                                     Infernal San Leonardo de Yagüe

Añorada Alma,

Con que poca cosa nos conformamos a veces. El hecho de poner tu nueva dirección en un sobre ya me parece una bocanada de aire limpio que antes me faltaba. Y saberte alejada de Ainsa y de Magdalena (a la que Dios perdone) y de todos los fariseos que la pueblan. El único que me preocupa es Manuel, las cosas que he averiguado le atañen de manera directa y no sé si debería contárselas. Pero claro, eso a ti, a tu juventud y a tu futuro apenas os atañen. Por eso será mejor que no embrutezca la carta con pensamientos oscuros cuando debería mandarle luz y alegría. Las cosas que he sabido de la guerra, de nuestro pueblo, de algunos de nuestros vecinos. Qué baño de sangre derramada por nada (así en el original). Ya ves que me cuesta mucho, Alma. Hoy me es casi imposible. Será mejor que termine de escribirla mañana.

Cuando leía tu última carta pensaba que mientras en ese tren tuyo la vida pasaba deprisa, en mi cárcel  sin barrotes todo se convierte en sólido inmóvil. Nada ocurre, nada sucede, pero unos muros cada vez más altos y peligrosos se ciernen a nuestro alrededor. Y toda la culpa es mía.

Lo único que necesitamos es Tiempo. La iglesia es experta en él, en dejar que el Tiempo lo pudra todo hasta hacerlo desaparecer. Esa es un arma que podemos utilizar en nuestro beneficio: la Paciencia.

Nombras a Dios como “mi” dios. Pues ese dios ha muerto, Alma. Y con él la Meretriz, la puta del Poder y todos sus acólitos entre los que ya no me cuento, a pesar del hábito que estoy obligado a vestir. Jamás se limpiará la sangre que mancha las manos de ese dios. Jamás (así en el original).

Me dices que “sucumbiremos sin el tacto y la mirada”, mientras las cartas permanecerán. No es cierto. No al menos para mí. Porque la tinta sobre el papel puede borrarse, mientras que cada caricia tuya sigue transitándome por la piel, rememorándote. El papel puede destruirse de mil modos, mientras que los recuerdos pueden pervivir en la memoria de quien los atesora. Claro que puede llegar el olvido. Bien como terapia, porque el recuerdo causa dolor, o bien como acto voluntario, porque deseemos llenar su espacio con un recuerdo mejor. Pero yo me niego, no deseo sustituir tu recuerdo, el de tus caricias, el de tus palabras, porque ninguno de ellos me causa dolor alguno, bien al contrario, son el bálsamo que me permite sobrevivir sin tenerte. No me olvides tú tampoco. No seas papel. Te lo ruego.

Nos falta tan poco que pronto parecerá que el tiempo se detiene para martirizarnos. Pero habrá un día a día, unas horas de descanso en esa tensa espera. Tengo tanta urgencia, Alma…  (Los puntos sustituyen a un par de frases totalmente ilegibles)

Ahora es tiempo de razonar y planificar. Preparar ese nuevo paraíso llamado Barcelona que será el origen de nuestro futuro común. El espacio donde podrás cumplir tu deseo de cuidarnos. Cuidarnos el uno al otro, envejecer juntos. A veces tengo tanto miedo. Mi edad, que pronto seré un anciano para ti; mis muchos estudios y mi nula experiencia en la Vida, de qué me servirá todo eso cuando deba ganarme el pan… ya ves que pensamientos me invaden cuando Tú te me apartas del recuerdo. Pero sé que los buenos cristianos a los que acudiremos nos ayudarán en todo lo posible. Al final de la carta te pondré la dirección a la que puedes acudir por si los necesitaras.

También me dices en la tuya que lloras a menudo. Y se me parte el corazón. Pensar que esas lágrimas son por mi causa me llenan de desdicha. Y no puedo evitarlo, me maldigo. Porque lo que yo deseo es tu risa. Tu Ángel, ese hombre que lo es por tu amor, solo aspira a devolverte un poco del elixir que le regalaste, que todo lo cura y todo lo mitiga.

Ya termino, Alma. A partir de ahora nos mandaremos notas escuetas, no quiero dar pie a que nadie pueda ver más de lo que ya adivinan. Mandaré otra carta a Manuel para que haga unas indagaciones que nos atañen, y a él de forma personal, y mandaré una tercera a mi tía para ir preparándola. Queda trabajo, mucho trabajo por hacer.

Te dejo, Alma. No querría, lo sabes. Porque mientras escribo mantengo abierto un vínculo contigo que parece romperse al cerrar el sobre. Pero debo decirte hasta pronto.

 

Tuyo y prisionero,

Ángel desnudo.

PD: Me gusta pensar que somos una nave surcando el mar del tiempo, sin más límite que las orillas de la imaginación. (No sé si la frase es mía, pero nos define)

 

 

Escrito y publicado por Manel Artero en Marzo 2017

 

 

 

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Te desnudas igual que si estuvieras sola…

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Roberto Ferri, impalpabili trecce dal ciel

 

Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estas conmigo.
¡Como te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.
¡Y como nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío!

Jaime Sabines

 

“Uno debe aspirar a tener las menos palabras posibles para comunicar las emociones más auténticas del hombre. Escribí poesía porque nunca aprendí a bailarla, a transmitirla en un apretón de manos, en una caricia, en un grito”

‘Jaime Sabines: Apuntes para una biografía’ 2012.

Cosquillas

Los poetas y la cultura, F. PESSOA

 

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Foto: The sound of words. Project Idea Frequency Typography.

 

Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidades de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. No hay en esto más que una paradoja aparente. Un poeta que se dio al trabajo de interesarse por una dificultad matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual recogió por cierto, en el decurso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido quien no es capaz de interesarse sino por el curso normal de la vida que lo afecta: el comedero del oficio y la correa de la sumisión. Uno está más vivo que el otro por lo menos como poeta: de ahí la relación sutil entre las coordenadas de Gauss y la Amaryllis del momento. Uno es un hombre que es poeta, el otro un animal que hace versos.”

FERNANDO PESSOA,
Los poetas y la cultura, 1924, Ensayo Pessoa.

Cartas desde Barbastro

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -11-

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En el tren, es sábado y es desasosiego

Ángel,
Dios mío,
si estuvieras aquí…

Saco otra vez tus cartas del bolso y compruebo que me acompañas en todo momento. Te leo una y otra vez, algo nerviosa, rebusco detrás de cada frase detalles ocultos que me hayan podido pasar desapercibidos, que sepan y que huelan a ti, que consigan hacer la distancia más corta y menos dolorosa. Y que me acompañen en este viaje.

Pasan los árboles deprisa, pasan los latidos acelerados, pasan los recuerdos y se detienen en la ventanilla, como escenas que tu dios ha permitido por algún definitivo motivo, de bocas y besos, de aliento y sudor, secuencias de sal, de caricias y de piel que se desnuda a escondidas y se nos arrodilla ante la belleza, antesala del amor. Pasan los kilómetros también deprisa, si te abstraes en un punto, parecen una línea inexorable, sueño que hacia ti.

Recuerdo cada instante contigo, ahora que no hay nadie en el vagón puedo hacerlo libremente, y cerrar los ojos, y volver a traerte, a posar mi mano y acariciarme como solo tú me acaricias. Recorrer pausadamente mi cuerpo, hasta conseguir dejarme sin respiración, siento mis dedos con tus dedos, juntos paseando sin pausa, sin descanso y si duda. Cual liturgia repetida, te acercas y te quedas, y me bebes y me haces. Y yo me deshago.

Ángel, estás aquí, aún con más presencia si cabe, acompañándome, haciendo que no sienta ni el frío ni el cansancio ni las penas, diciéndome con los brazos abiertos “-Ven, Alma mía”, y soy yo la que está aquí hundiéndome en ellos como si nunca más fueran a abandonarme. Quizás sea esa la única palabra de dios, y no otra, la palabra que existe más allá de la tentación y el deseo, la palabra que los amantes no alcanzan jamás a escribir.

Hace unos meses mi respuesta a tu carta hubiera sido no, no y no. Sobran los motivos, ambos lo sabemos. Pero creo que tengo derecho a no poner más en duda, al menos, mi amor. Que es lo único que realmente poseo. Así es que debo decirte que te deseo, y que tengo urgencia de verte llegar con la sotana negra, caminando hacia mí, siempre ese ritual del silencio y la caricia y el beso en el cuello, y poner mi mano sobre la tuya en mi pecho. Y entregarnos, como si no existiese otra posibilidad, ni mejor lugar para incluso morir si hiciese falta. Que siento necesidad de usted y de ti. Que te quiero, amor.

 

Pienso de repente en la gente que dejo, por suerte, atrás en el pueblo… qué vileza y cuánta ruindad, no es enfado lo que siento, sino lástima, qué más decirte de ellos… cómo se puede condenar a nadie por amar, cómo han podido atreverse sin saber a juzgarnos, precisamente aquéllos que yo en algún momento pensé quizás superiores o con más oportunidades, y que ahora en cambio me despiertan náuseas al descubrir que están muy por debajo de mi familia y de ti, Ángel. Les detesto, Padre Ángel, seguramente debería confesarme. Mas no lo haré con nadie más que con usted, y es usted quien lo sabe y debe saberlo. Nadie más.

De entre todos ellos, por increíble que parezca, la única persona que traigo en el equipaje se llama, lo sabes, Magdalena. Me ha preparado una fiesta de despedida sorpresa, con sus amigos en aquella casa de la que te hablé. Bebimos, reímos, hablamos, me dieron unos regalos preciosos, bebimos más, y no pude participar en ninguna de las escenas de sexo que por cierto me dejaron presenciar, porque solamente siento deseo de ti, Ángel, esa es la verdad, y en cuanto les mostré mi sentir, así lo respetaron todos. Mucho humo, poca luz, tantas manos como lujuria. Todas esas personas sin nombre me respetan y me parecen más honestas y leales que el resto. Suena extraño pero hacen que me sienta a gusto y en paz, sin más. Sospecho que sabes de qué y quiénes hablo… Y aunque puedo imaginar que no te guste leerlo, quiero compartirlo todo contigo. No sé cómo acabé durmiendo en la misma habitación de entonces, las mismas sábanas suaves de raso que acaricié hasta rendirme al sueño, la misma música; la recuerdo tímidamente cuando se acercó a arroparme, y me besó con tanta ternura, como seguramente solo una madre o un padre saben besar.

 

Escribir cartas es una posibilidad, aun sabiendo que insuficiente y que puede dar lugar a malas interpretaciones incluso, es el único modo de tenerte. Puedo tocarte en la distancia, pero también te necesito de cerca, tan cerca que te sienta dentro. Los besos que te llegan son los más cálidos que puedo escribirte, pero el ansia de poder dártelos es una fuerza sobrehumana que no sé tramitar. Las cartas permanecerán, pero nosotros, sucumbiremos sin el tacto y la mirada, y esa idea me carcome, me recorre y me corroe algunas, muchas, casi todas las madrugadas. Soy valiente para mirar hacia delante e imaginar el futuro contigo pero ahora debo estar centrada también y con los pies en la tierra, y cuidar de mí y de nosotros, más que nunca.

No sé realmente porqué escribo, seguramente los nervios. No del viaje, ya imaginarás que es la primera vez que salgo de mi tierra, sino más bien por dejar atrás a Manuel, con una tos que no acaba de curar, y más abuelo que nunca. Ha sido una despedida muy triste, por mi parte, a pesar de mi sonrisa no pude ni quise disimular los ojos vidriosos detrás del cristal y esas pocas lágrimas que huían furtivas; mi sonrisa era enorme, del mismo tamaño que mi dolor. Y en cambio tremendamente acertada por su parte, como siempre, cuando me abrazó fuerte y me susurró muy tranquilo al oído:

“Mi niña, no debes quedarte en un lugar que no puedes florecer libre, aunque te guste. Imagínate por un instante que lo arriesgas todo y que todo sale bien. Vete, Alma mía, yo estaré contigo, como siempre.”

Estoy llorando.

No sé qué me pasa, lloro muy a menudo. El vagón también llora su recorrido en silencio, y en el vaho del cristal, al respirarte cerca, dibujo ya sin miedo, tu nombre.

Tu deseo de vernos, es imposible que sea más fuerte que el mío.
Sabré esperarte unos meses, y también creo que sabré esperarte toda la vida.

Tuya
siempre

Alma,

tu amor
ojalá mañana,
tu esposa.

 

Domingo, ya en Barcelona

Ángel, unas palabras para decirte que he llegado bien, y que me han ido a buscar a la estación, parecen muy amables, estoy segura de que lo son. Será fácil trabajar para ellos, y adaptarme a esta ciudad y a su gente. Esta casa está llena de libros, al menos no estaré sola. Mañana escribiré más.

Por favor, no dejes de escribirme estos meses, mientras tanto llega el día en que podamos vernos aquí. Dime si puedo hacer algo, esperar me sabe a demasiado poco.

 

 

 

Cartas desde Barbastro

Cartas desde Barbastro, lazo negro -11

Fotgrafía: Miss Cakahuette

                                                                                     
                                               San Leonardo de Yagüe (sin fecha)

Alma, mi esposa algún día,

Tu carta me deja un regusto amargo. Si bien me colma de felicidad saber que mis palabras son medicina para tu espíritu, me entristece sobremanera el comportamiento de nuestros  vecinos, a los que ya jamás perdonaré.

Cuánta hipocresía hay en el mundo, Alma. Si supieras la de cosas que me han contado en confesión, esos que ahora te marcan con la mirada, y lo buenos cristianos se sienten, o les vieras las caras cuando toman la eucaristía ¡Fariseos! Criaturas desleales que tiran la primera piedra sin mirar la maldad que anida en su interior. Y esta Iglesia, la experta hipócrita que acuñó la frase: “Nisi caste, saltem caute” (si no casto, al menos cauto). Pero no, no quiero convertir la paz que me da tu amor en odio por quien ni eso merece. Prefiero centrarme en ti y en nuestro futuro encuentro.

Me consuela saber que no estás sola, que Manuel te trata con dignidad y que Magdalena ha demostrado ser la más cristiana de todas las mujeres ¿Te das cuenta de que a pesar de no tenernos el uno al otro no estamos solos? Verás porqué.

Dice que envidias a mis compañeros. No lo hagas, porque no los hay del modo que los imaginas. Solo aquel del que te hablé, de nombre Agustín. Él, al igual que yo ahora, está resuelto a abandonar los hábitos y es la única persona que parece estar de mi lado, nuestro lado. Tampoco entiende el celibato. De hecho fue él quien me lo confesó y eso me permitió poder contarle  mis dudas y temores. De ahí que te dijera más arriba que no estábamos solos.

Voy ahora a tu pregunta sobre si marcharía contigo hoy mismo. Mi respuesta sería un sí rotundo, como no podía ser de otro modo. Pero en este instante no tengo libertad de decisión; no ahora, no por el momento ¿Recuerdas que te hablé en una carta anterior que creía que el padre Anselmo había traicionado el secreto de confesión al delatarme al obispo? Siempre pensé que ese tipo de cosas, que había escuchado aquí y allá, eran habladurías dictadas por la venganza, otro de los males que asolan esta triste tierra de Caín, pero ahora confirmo que había más certeza de la que mi inocencia era capaz de ver. En nuestro encuentro intentaré explicártelo mejor.

Alma, tenemos tanta suerte. Adán y Eva solo tuvieron el Edén que les puso su Creador. Nosotros, sin embargo, construimos el nuestro en cualquier lugar que podamos abrazarnos en libertad. Ahora sabemos que ya no volverá el Paraíso de Barbastro, pero tanto da, construiremos otro en la hermosa ciudad de Barcelona.

Yo soy de Barcelona, creo que es algo que nunca había dicho a nadie cercano. Mi familia, gran parte de ella, emigró a esa hermosa ciudad a principios de siglo. Eran tiempos duros en el campo y allí se estaba construyendo la ciudad cosmopolita que es ahora. Yo nací en un barrio humilde que viste la falda de una de sus montañas emblemáticas: Montjuic. Allí pasé mi primera infancia. Pero la guerra cambió las tornas y el hambre que nos atenazó en la posguerra se cebó en las grandes ciudades. La solución que encontraron mis padres fue mandarme de nuevo a sus orígenes y de ahí al seminario. Fíjate en que pocas palabras cabe mi vida entera. Pero la cuestión es otra.

En Barcelona todavía me queda una tía abuela. Una mujer muy mayor ya a la que podría ir a visitar con la excusa de que está sola y algo delicada. Aprovecharía para buscarle alguien que pudiera cuidarla en lo que le quede de vida. Eso me permitiría salir de esta cárcel sin problemas. Conque sé que sólo no me dejarán marchar, me haría acompañar por Agustín que también nos pondría en contacto con grupos cristianos que se han apartado de esta meretriz de Babilonia. Sería un modo de que tú, después de mi partida, la última de todas, tuvieras gente a la que acudir para que te echaran un mano.

El único problema es que organizar todo esto sin despertar sospechas va a llevar más tiempo del que desearíamos. Pero qué prefieres, la tristeza de cualquier rincón donde la prisa y la incertidumbre nos golpearán sin descanso, o la paz de un piso pequeño y humilde que puede ser nuestro hogar durante unos días.

Si pudieras esperar un par de meses podríamos vivir ese hermoso sueño. Te echo tanto de menos. Y si antes tenía el consuelo de la oración, ahora reniego de ella y de todo, y solo estás tú para iluminar la oscuridad de mi alma.

Solo tú, mi vida. Tu mirada, tu calor, Tú.

Dame una respuesta.

Dime que esperarás,

Tu ansioso Ángel

Publicado por Manel Artero Badenes en su blog El Día a Diario

Fotografía: Miss Cakahuette

Sin categoría

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -10-

                                                                                         

Fotografía : Miss Cakahuette

                                                                                                     

                                                                                                                                                   Ainsa, (sin fecha)

Ángel
mi luz

Tu carta está siendo un verdadero antídoto, a los días que no duermo y a las noches que paso en vela, soñándote, como imposible. Hoy por fin vuelve a amanecer y yo a sonreír.

Tu regreso me hace extremadamente feliz. Vuelvo a sentir la misma urgencia por tus manos acariciándome y evoco cada uno de tus besos, esa perfecta cadencia al devorarnos, ese instante en el que el mundo, de puro amor, se detiene para nosotros, al mirarnos más allá de los ojos, al sentirnos dentro en perfecta comunión, al sabernos. Ser y estar, a pesar de las contradicciones y en secreto.

Ángel, la vida, de repente, no está siendo nada fácil aquí. Al menos para mí. Hay vecinos que han dejado de hablarnos, y apenas me relaciono. Las conversaciones con mi abuelo me sanan, y mitigan el dolor. Sé que Manuel me cuida, disimula despreocupación para no agobiarme, pero también sé que está acongojado, intentando suavizar la situación y buscando siempre las palabras precisas que me hagan reflexionar y tomar decisiones con la templanza que debo.

Yo me encuentro, a pesar de todo, excepcionalmente bien. Solo mi alma, es ella quién flaquea, echándote en falta sin descanso, sin cesar. Aleteando por la geografía hasta llegar y poder espiarte desde el cielo, envidiando a los compañeros que pueden verte y escuchar tu voz, imaginándote con la mirada perdida atravesando esas paredes de piedra, orando a tu Dios para que me proteja y me guíe, de algún modo, otra vez, hacía ti.

Y es así al final de cada día, que descubro que podemos soportar mucho más de lo que realmente creemos poder sobrellevar. No hubo más alba ni más ocaso que disfrutar desde que te fuiste. Debes saberlo.

Magdalena siempre me escucha, y suspira. -Ay, Alma, si pudiera enseñare a olvidar tanto dolor… pero no puedo. Es más, no quiero, precisamente porque te quiero. Algún día encontrarás la explicación a todo, ten paciencia y no dudes jamás de ti misma.” Esas cosas me dice, y luego me abraza, y me acaricia la cara, y me siento tan arropada, casi como una niña, y me gusta esa sensación…

Pero la gente de esta tierra no es como ella. Y de sentir asfixia he pasado, en silencio, al ahogo y a sentir por momentos que debía abandonar, y a maldecir, y a intentar odiarte. Y aunque ya sabes que no lo he conseguido, te pido disculpas por mi insensatez, y te pido perdón, amor, porque sé que diciéndotelo te hice daño. Mucho daño.

Releo tu carta, una y otra vez, repaso con las yemas, una a una, cada una de esas letras, como un juego, como cuando dibujabas códigos secretos en mi vientre, y lo besabas, y le hablabas casi en tono de solemne oración, y yo me estremecía como hago ahora…. quién pudiera tener el poder de tocar ahora con ellas tus dedos al escribirme… ojalá que cuando te mires las manos, sientas siempre que te faltan las mías. Ojalá entiendas que siempre te amaré, hasta el frío de la muerte… y más allá, si es que hay algo más allá de veras, como decís.

Necesitaba saber que tu mano no me soltaría al caminar.
Y es ahora que lo sé.

Dime, Ángel, si pudieras, ¿vendrías esta misma noche…?
Ahora sé que sí, y es lo único que me importa.

Y precisamente por eso, puedo compartir contigo la decisión que he tomado. Me voy a Barcelona, amor mío, tengo que irme de aquí, no hallo otro modo de reencontrarme y de respirar, aunque sea sin tu aliento. Tendremos que buscar la manera de vernos, y de seguir escribiéndonos cartas, no me abandones ahora, te necesito más que nunca, tu sosiego y tu templanza, amor, y tu contradicción y tu locura, también la deseo, hasta volverla mía, y mi alma, tuya.

Por supuesto que te esperaré, Ángel, vida mía

Te quiero

amor fugaz
mi serenidad
tu amor mi luna
mi dulce canción de cuna

Alma 
como luna

llena.

Pd.: nada deseo más que encontrarme contigo.
Seguiré con cautela las instrucciones que me envíes

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LAS CARTAS

Gracias por tu recomendación y por todo Ana !
besos de Alma y Angel desde barbastro 😉

Reflexiones al borde de los cuarenta

Hay historias que merecen ser contadas y otras que cuando son contadas merecen ser compartidas.

wp-1486237669395.jpg foto miss cakahuette

Conocí a Nieves Bruxina hace ahora dos años, en un programa de radio que hacíamos en Radio Kras de Gijón. Antes de la entrevista que le hicimos, nos tomamos un café, hablamos de todo un poco y durante esa charla, alguien mencionó que ella tenía un blog. Cruzamos comentarios acerca de nuestros respectivos sitios, y dejó caer algo sobre unas cartas de amor que compartía. En ese momento no profundizamos más sobre ello, conectamos muy bien desde el principio, nos seguimos por Facebook pero apenas tuvimos algún esporádico contacto más. Sin embargo el destino o la casualidad han querido que Nieves y yo nos hayamos vuelto a encontrar a través  de una página que ella y Manuel Artero Badenes han creado en la popular red social y en la que cuentan la historia…

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Cartas desde Barbastro, lazo negro -10-

Medieval, Castel del Monte, Italy

                                                     San Leonardo de Yagüe (sin fecha)

Mi pobre Alma,

Pensé que ya no me escribirías, así de negro estaba mi Cielo. Pero he recibido tus palabras, y con ellas he renacido.

Gracias, desde lo más profundo de mi ser.

¿Sabes?, me gustaría decirte que Soria es hermoso, que San Leonardo de Yagüe es hermoso, que sus gentes son honestas y buenas. Y contarte que Santo Domingo de Silos está cerca y que a veces me acerco a escuchar a sus monjes cantando sus monodias… pero no sería verdad. Lo cierto es que mi vida es una comida insulsa. Un vacío helado entre misas para unas pocas beatas de luto, alguna extremaunción si alguien se nos va y una terrible opresión de cárcel que lo envuelve todo.

Mi querida Alma, yo también leo y releo tus cartas y en cada lectura hago de nuevo el amor contigo. Solo que ahora abrazado a la misma soledad que te acompaña a ti también ¿Recuerdas a Hernández? “…a mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo y exalto la orilla de tu vientre…” Cuan semejantes veo ahora su prisión y la nuestra.

Leo también que me maldices. Debes saber que no es necesario. Porque ni el mismo Diablo podría venir ahora a socavar más mi ánimo, pues siento que la estúpida confusión entre mi amor por ti y mis ceencias, me equipara a él. Me ha costado tanto, Alma, pero he aprendido al fin. El error no está en la fe, ni en la palabra de Cristo. El error es esta Iglesia inmunda y enferma que lo infecta todo. Ahora lo sé y pronto nos podremos defender de ella. Pero necesito —casi no me atrevo a pedírtelo—, que me des tiempo, el único bien que aun nos queda. En estos días sin horas he sabido cosas que aun debo callar pero que pueden unirnos por fin si ambos tenemos paciencia.

No sé que me digo, perdóname, no debo exigirte algo así. Mejor harías en ir echando paletadas de olvido a nuestro paraíso hasta que Ángel no fuera más que un dulce recuerdo de juventud.

Pero si decidieras esperar…

He aprendido, Alma. Aquí, en este presidio sin celdas donde todos me escrutan e indagan hasta mi más leve movimiento, también se escuchan voces que me han traído una luz que no esperaba, y de la que un puedo hablar como te dije antes.

Me duele tanto la tristeza que emana de tus palabras. Me siento tan culpable. Si supieras, desde que estoy aquí, la de veces que me he dicho que debía haber renegado de mi fe. Soy un cobarde que no quiso darse cuenta de que Cristo no habita en sotanas negras sino en las personas. Imagino que en mi cobardía (o ceguera) nunca quise mirar más allá. Ya me estaban bien la liturgia y la oración. Con ellas me sentía pleno.

¡Pleno! Ahora lo digo y casi me sonrío. Nunca me sentí pleno antes de conocerte. Solo era una cáscara llena de doctrina que tú vaciaste para llenarla de amor. Pobre tonto. Solo desde ti he aprendido que el Amor es una substancia que nos nace de dentro para expandirse hacia fuera, y que pregonar lo que no se conoce es tan estéril como predicar en el desierto.

Qué más contarte, que a pesar de cuestionarme los cimientos de mi fe, encuentro momentos que me confirman que Dios me sigue guiando, aunque ese Dios no sea el que conocí antaño. Mira, sino, lo que me sucedió un par de días antes de recibir tu carta: cogí La Biblia. Necesitaba el consuelo de la palabra de Jesús y anduve buscándola en los evangelios. En un momento determinado, sin poder evitarlo, me fui al Cantar de los Cantares y leí.

[…]

Mi amado metió su mano por la abertura,
y mi corazón se conmovió dentro de mí.
Yo me levanté para abrir a mi amado 
y mis manos gotearon mirra,
y mis dedos mirra, que corría
sobre la manecilla del cerrojo.
[…]

La mano por la abertura, Alma… y sus manos y dedos goteando mirra sobre la manecilla del cerrojo… me hablabas tú, mujer, eras tú quien me susurraba los versos al oído como si el mismo Cielo supiera que iba a recibir carta tuya. Son momentos tan maravillosos en medio de esta absoluta tristeza que me aferro a ellos como si no fueran a repetirse.

Te escribiría hasta convertirme en tinta y diluirme en las hojas, pero sé que hay ojos mirando y debo ser discreto y terminar. Es que sufro por ti, por Manuel y por Magdalena. Creo que vigilan nuestros pasos, por eso debemos ser cautos (mira la Post Data)

Solo me resta una última súplica ¿Accederías a que nos viéramos una vez más antes de que pueda resolver los conflictos que nos envuelven? Deberemos ser más cautos que nunca, pero es necesario encontrar el modo de hacerlo. Y esta vez no podremos contar con nadie. Solo seremos tú, yo y el lugar que escojamos, lejos de Barbastro y de Ainsa.

Perdona esta carta sin rigor ni apenas sentido ni continuidad. Necesitaba vaciarme antes de poder razonar de nuevo.

Disculpa que apenas haya mitigado el dolor de la tuya.

Tuyo, siempre,

Ángel vengador.

PD Esa es la razón de que esta carta no te haya llegado de la manera habitual. Tengo la suerte de que un cura joven, muy crítico con la actual Iglesia, ha accedido a ayudarme (no le conté toda la verdad) y la ha mandado como si fuera suya, metida dentro de otro sobre en el que escribió una nota con las instrucciones. La recibió primero Magdalena, que se la ha dado a tu abuelo para que te la entregara. Y tú deberás repetir el mismo periplo si decides responderla. Sobre todo, sigue las instrucciones que te dicte Manuel.

Escrito y publicado el 1 febrero 2017 por Manel Artero en su blog